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Pérdida, pena y duelo

La pena y las etapas del desarrollo infantil

La muerte y los eventos que la rodean se interpretan de diferentes formas dependiendo de la etapa de desarrollo en que se encuentre el niño.

Infantes

Aunque los infantes (etapa del nacimiento hasta los 12-14 meses) no reconocen lo que es la muerte aún, los sentimientos de separación y pérdida son parte del proceso de crear una conciencia de lo que es la muerte. Los niños que han sido separados de sus mamás pueden exhibir una conducta apática, callada, y no responden a sonrisas o carantoñas. También pueden verse cambios físicos como pérdida de peso, desvelo y falta de actividad.

De 2 a 3 años de edad

Los niños de esta edad suelen confundir la muerte con el dormir y pueden sentir ansiedad a una edad muy temprana, incluso a los tres años. Como reacción pueden exhibir pérdida del habla y angustia generalizada.

De 3 a 6 años de edad

A esta edad los niños ven la muerte como una forma de dormir; la persona está viva pero limitada en alguna forma. Estos niños no separan completamente la muerte de la vida y pueden pensar que la persona todavía está viva, aun después de estar enterrada, y hacer preguntas sobre ella (por ejemplo, cómo come, va al baño, respira o juega). Los niños de esta edad saben que la muerte es física pero creen que es temporal, reversible y no definitiva. Su concepto de la muerte puede tener un componente de pensamiento mágico. Por ejemplo, pueden creer que un pensamiento malo suyo causó que la persona se enfermara o muriera. Los niños menores de cinco años pueden exhibir trastornos en el comer, el dormir y el control de las funciones corporales.

De 6 a 9 años de edad

No es inusual que los niños en esta edad empiecen a mostrar curiosidad acerca de la muerte, inclusive haciendo preguntas concretas acerca de lo que le pasa al cuerpo cuando uno muere. Estos ven la muerte como si fuera una persona o un espíritu separado del individuo que falleció, por ejemplo, un esqueleto, un fantasma, un ángel de la muerte o sencillamente el "coco". Los niños pueden ver la muerte como algo definitivo y que amedrenta, pero que le pasa más a la gente vieja (no a ellos). Los niños en este proceso de la pena pueden desarrollar fobia a la escuela, problemas de aprendizaje, comportamiento agresivo o antisocial, volverse extremadamente preocupados sobre su propia salud (por ejemplo, mostrando síntomas de enfermedades imaginarias) y aislarse de los demás. También pueden convertirse en niños sumamente apegados y dependientes de otros. Los varones típicamente manifiestan una conducta más agresiva y destructiva (por ejemplo, portándose mal en la escuela), en vez de mostrarse tristes abiertamente. Cuando los padres fallecen, los niños pueden sentirse abandonados por ambos padres, tanto el que murió como el que está vivo, ya que el padre que está vivo está inmerso en su propia tristeza y no es capaz de brindarle el apoyo emocional que necesita.

De 9 años de edad en adelante

Para cuando el niño cumple los 9 años, ve la muerte como algo inevitable y no como un castigo, y para los 12, entiende que la muerte es irreversible y que le pasa a todo el mundo.

En los países occidentales, muchos de los adultos que atraviesan un proceso de duelo se aíslan y limitan su comunicación con el mundo exterior. Los niños en cambio a menudo hablan con otras personas (incluso extraños) como una forma de observar sus reacciones y encontrar pautas que les ayuden a explorar sus propios sentimientos. El niño puede incluso hacer preguntas confusas como, "Yo sé que mi abuelo se murió, pero ¿cuando va a regresar?" Esto es una manera de probar la realidad y confirmar que la historia de la muerte no ha cambiado.

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